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miércoles, 10 de mayo de 2023

Sexualidad y diferencia de género. Por Miquel Bassols

 

“Sexualidad y diferencia de género”. Miquel Bassols en ELP TV 

https://www.youtube.com/watch?v=Q2Y3h8_pckM

-26 may 2022-


No hay duda de que estamos ante un cambio de paradigma en el sujeto de nuestro tiempo con respecto a la sexualidad, a las llamadas identidades de género o identidades sexuales. Cambio de paradigma del que dan cuenta el discurso trans y el discurso LGTBI+. El binarismo masculino/femenino parecería esfumarse para poner en cuestión la condición misma de la diferencia entre los sexos. Y sin embargo hay algo de la diferencia radical introducida por la sexualidad en el cuerpo que no se deja atrapar por esta multiplicación de la diferencia entre géneros. Para el psicoanálisis la pregunta es de qué diferencia se trata cuando hablamos de la diferencia de géneros o diferencia de sexos.

Con respecto a esto ahora hay un debate clínico, científico y político que está dividiendo a la derecha, a la izquierda, y a comunidades y discursos diversos. También los propios feminismos están divididos con respecto a esta cuestión, a cómo ordenar incluso jurídicamente esta cuestión, y en el propio discurso trans hay posiciones distintas que hay que conocer, estudiar y recibir de la buena manera. Por otra parte hay un hecho clínico y es que cada vez encontramos más sujetos, especialmente muchachos y muchachas adolescentes, que se presentan -a veces como si fuera un diagnóstico- con la afirmación de una identidad de género o con la pregunta sobre su identidad sexual. Llama la atención el aumento espectacular en los últimos años de hombres trans, de chicos trans, cuando por otra parte hay una crítica cada vez más fuerte, más asumida socialmente, al machismo -al menos en ciertos registros sociales- a la vez que hay un recrudecimiento del machismo mismo. Los muchachos adolescentes, especialmente, no saben muy bien cómo situarse con la masculinidad y es por eso que también se habla hoy de las “nuevas masculinidades”. También por otra parte, y eso se señala en algunos lugares del discurso trans, hay una suerte de nueva norma, normalidad o normatividad trans, por decirlo así, como una forma de identificación para responder a la pregunta sobre la identidad sexual.

Digamos que el psicoanálisis parte de dos cuestiones fundamentales. La primera podemos enunciarla así: no hay identidad sexual, no hay un “ser hombre” o “ser mujer”, una esencia hombre o mujer que pueda definirse de entrada. De hecho, nunca hay un sujeto idéntico a sí mismo, pero con respecto a la sexualidad eso se hace todavía más claro. Cuando el sujeto se confronta a lo sexual, se confronta a la división con respecto a sí mismo, a la no identidad con respecto a sí mismo. Y es por eso, es porque no hay identidad sexual, que hacen falta las identificaciones con el campo del Otro -se lo llame campo cultural, campo de la familia, campo de los otros, el vínculo social, etcétera. Pero es desde ahí que el sujeto tomará los rasgos para una identificación sexual o una identificación sexuada, tal como la llamamos en psicoanálisis.

La segunda cuestión a tener en cuenta como punto de partida es que la pulsión sexual -a diferencia del instinto, que sí tiene un objeto-, la pulsión sexual no tiene un objeto predeterminado. Y ahí debemos decir que la pulsión no tiene género. La pulsión no es masculina o femenina, no es homosexual ni heterosexual. La pulsión exige una satisfacción y el sujeto debe responder a eso de la mejor manera que pueda. Incluso cuando decimos a veces elección de objeto heterosexual u homosexual, no sabemos muy bien si es la elección la que es heterosexual u homosexual, o si es el objeto el que define la heterosexualidad como sexualidad de esa elección. Hay, por ejemplo, elecciones homosexuales tomando como objeto a alguien del otro sexo (Lacan estudio eso, por ejemplo, en el caso de Marcel Proust en su “En busca del tiempo perdido”). De modo que estas dos cuestiones fundamentales del psicoanálisis -no hay identidad sexual y no hay un objeto predeterminado para la pulsión- nos plantean ya una cuestión de principio que no da una respuesta inmediata a la cuestión del género. Será en un segundo momento, con las identificaciones sexuadas, que esto tomará cuerpo, por decirlo así.

Con respecto a eso podemos referirnos a un caso clásico de la clínica freudiana que sigue siendo interesante para estudiar la cuestión. Es la referencia al famoso “caso Juanito”, un niño de cinco años que desarrolla una fobia después de una explosión de angustia a raíz de dos acontecimientos. Uno es el nacimiento de su hermana. A partir de ese momento Juanito se encuentra no sólo desalojado de su posición fálica de hijo único con respecto al deseo de la madre, sino que se le plantea la cuestión de la diferencia de los sexos, la percepción de la diferencia de los sexos en el cuerpo de la hermanita. Pero ese momento tendrá su valor a partir de otro acontecimiento, que es al que Lacan le va a dar toda su importancia en su lectura del caso freudiano, y es la aparición de un fenómeno extraño en el propio cuerpo: una erección una erección de su pene. Una experiencia que rompe la unidad corporal, más o menos construida de forma imaginaria en su propia experiencia del cuerpo. Juanito no sabe dónde colocar esa erección que le hace presente un goce extraño en el cuerpo, y es ahí donde va a empezar a tener toda una serie de fenómenos de interés por lo que llamaba la “cosita de hacer pipí” -es decir, la cuestión fálica- y se desarrolla toda una dialéctica fálica sobre los que tienen y los que no tienen. Ahí empieza a elaborarse como una respuesta la cuestión de la diferencia entre los sexos -para afirmarla, para negarla etcétera- como respuesta a esa irrupción de un goce en el cuerpo que no puede localizar con la lógica fálica, precisamente.

Es en esa experiencia extraña de goce en el cuerpo donde debemos situar una forma de alteridad radical, una diferencia radical inscrita en el cuerpo a partir de la experiencia de goce. Entonces es ahí donde debemos introducir la idea de una diferencia absoluta, radical, en el cuerpo. El cuerpo se convierte en Otro. Es la primera diferencia que el sujeto experimenta, es su propio cuerpo en esa experiencia de goce como tal, sin un símbolo que pueda localizar ese goce en el cuerpo. La sexualidad es entonces la diferencia absoluta. Más que diferencia entre los sexos -que también- debemos hablar entonces de la introducción del goce sexual como la experiencia de una alteridad radical en el cuerpo. Y es ahí donde debemos situar las respuestas que el sujeto contemporáneo da, intenta dar, a esa presencia del goce en el cuerpo como alteridad radical.

Voy a referirme al testimonio de alguien que me ha parecido muy llamativo en el discurso trans: Mikel Misé, un activista y sociólogo dedicado realmente al estudio del movimiento trans. Él habla de una “nueva normativa trans” que daría un intento de respuesta a esta transición del sujeto con respecto al goce, y llega a decir que hay que intentar explicar, en todos los casos de trans, que el objetivo no es ya pasar de un sexo al otro, de pasar de un estado “a” un estado “b”, sino de encontrar su sitio en la línea que se abre entre los dos puntos. Es decir, no es tanto pasar de “a” a “b”, sino de en qué punto intermedio de los infinitos puntos que hay entre “a” y  “b” puedo encontrar mi lugar para responder a la cuestión del goce sexual. Es una observación que me parece muy lúcida: no hay de hecho transición de “a” a “b”. Es algo que Miquel Misé también afirmará. En realidad lo que se promete como cambio de sexo no es tal. No es tal porque finalmente lo que hay es el encuentro de un lugar entre “a” y “b” sin llegar nunca a ese punto infinitesimalmente inalcanzable del Otro sexo como tal. Y es una observación que va en el sentido de lo que Lacan elaboró con sus fórmulas de la sexuación y de las posiciones sexuadas. Es algo que habría que desarrollar, y que debemos desarrollar, donde lo femenino, la feminidad, no puede resolverse según lo que llamamos la lógica fálica -que funciona por 1/0, a/b, pasaje de un punto a otro punto-. Se abre ahí una infinidad de puntos intermedios que rompe el binarismo entre los géneros.

La pregunta por el Otro sexo es entonces un modo de abordar esa alteridad radical del goce sexual inscrito en el cuerpo mismo. La pregunta por la diferencia de los sexos -hombre/mujer , masculino/femenino, LGTBI... etcétera, etcétera- es ya un intento de responder a la diferencia radical de la sexualidad inscrita en el cuerpo hablante. Y es en esta dirección que se abre hoy una conversación del psicoanálisis con el sujeto de nuestro tiempo, especialmente con el discurso trans que intenta dar, inventar sus propias respuestas a esta cuestión. Y es a eso a lo que debemos ser dóciles en la clínica, como decía Jacques-Alian Miller, y a la vez críticos con los presupuestos que hay en estos discursos.

Es un discurso y una conversación para continuar.

 

(Transcripción y establecimiento: A. Sanabria)


miércoles, 13 de marzo de 2019

Un psicoanálisis que no sea una estafa, por Gabriela Urriolagoitia


Decir algo acerca de lo real evoca para mí, una enigmática cita de Lacan: "Nuestra práctica es una estafa, al menos considerada a partir del momento en que partimos de ese punto de fuga".1

¿Por qué una estafa? Esto se articula con el sintagma de la verdad mentirosa. Cuando uno dice su verdad, es un modo de subjetivar la imposibilidad que tiene de acceder a lo real por la vía del sentido. Pero al mismo tiempo que la subjetiva, testimonia la impotencia de la verdad en relación a lo real, porque lo real es ese punto de fuga del sentido.

Lacan dice: "Lo real dice la verdad pero no habla".2 Lo real no le miente al serhablante porque cuando irrumpe lo vive en su cuerpo. Tiene el estatuto de una experiencia frente a la cual las palabras no acuden a su auxilio, por eso no habla. Y al articular esta experiencia en el discurso analítico, el sujeto miente porque entra al campo del sentido. Evidencia además, que las palabras no alcanzan para reabsorber ni resolver esta irrupción. Entonces si el sentido es aquello con lo que operamos en la práctica,  el psicoanálisis es una estafa porque no toca lo real.

Frente a la estafa, Lacan propone la neutralidad del analista: "…esta subversión del sentido, esta especie de aspiración no hacia lo real sino por lo real".3 Un deseo del analista de reducir al Otro a su real y de liberarlo del sentido.

Así la apuesta de Miller para el psicoanálisis del siglo XXI es la de desbaratar la defensa contra lo real.4 Es el reto de acompañar a cada sujeto a pasar del desacomodo que lo habita, a lograr un arreglo que inscriba algo de lo posible en su modo de transitar la vida. Una apuesta que nos convoca a trabajar por una práctica analítica que sea  algo más que una estafa.


 NOTAS

1. Lacan, J Seminario 24, "L'insu que sait de l'une-bévue s'aile à mourre", clase del 26 de febrero de 1977, inédito.
2. Idem, clase del 15 de febrero de 1977.
3. Idem, clase del 26 de febrero de 1977.
4. Miller, J.-A., "Presentación del tema del IX° Congreso de la AMP", www.congresamp2014.com/es/


(Publicado en: AMPBlog: UnReal - Boletín Nº 8)

lunes, 4 de marzo de 2019

El nuevo flogisto, por Hebe Tizio




La actualidad del campo educativo se caracteriza por la pérdida de la función educativa. Cuando lo específico que sostiene un campo se traspapela, el fundamento se busca en otro discurso. Hoy la educación busca en el discurso científico su orientación y es allí donde se desorienta más.

El paradigma de las neurociencias se ofrece como solución y el cerebro se ha convertido en el nuevo flogisto. La causa de “todo” sería el cerebro, la supuesta máquina cognitiva, pero también la gestora de los comportamientos. El buen cerebro que no tendría límites en lo que podría desarrollar…

Esta perspectiva borra la dimensión subjetiva y busca homogeneizar los goces, pero justamente por eso su teoría cerebral carece de aplicación.

Desde el psicoanálisis sabemos que el niño necesita aprender para que su psiquismo se anude. La educación es una oferta de la que el sujeto se sirve para construir algo; de ahí que todo aprendizaje sea sintomático. Es decir, es un instrumento del que se sirve para tratar el goce de manera singular.

La función educativa intentaba ayudar al sujeto a articular su particularidad en lo social por la vía sintomática, sin intentar reducir su estilo de vida a un estándar.

Era una función “civilizadora”, pues trataba lo pulsional por la vía del interés y la promesa de futuro, y para ello se ayudaba de los límites necesarios. El psicoanálisis ubica la existencia de un real fuera de sentido, el lado goce del inconsciente, que no se puede erradicar, pero si tratar con el consentimiento del sujeto.

Por eso es importante hacer la diferencia entre la regulación parcial del goce por esa vía y el odio al goce, que apunta a la represión directa bajo el imperativo de un ideal homogenizador.

Para la educación la cuestión es si se logra el consentimiento del sujeto o si se trata de la aburrida imposición de protocolos de control.

No hay educación si no hay algo exterior al campo de los aprendizajes que sostiene la empresa. Un sujeto interesado que aprende bajo transferencia es el testimonio de la incidencia del inconsciente, es decir, usa a su manera el instrumento que se le ofrece para regular el goce.

Los neuroeducadores que han borrado al sujeto se hallan ante una dificultad, porque necesitan la motivación, la curiosidad, amor de transferencia. No pueden entablar relación directa con el cerebro. Por eso lo que les queda es transformarse en “entrenadores” que deben adiestrar las supuestas funciones cerebrales para una mejor domesticación.

Este rechazo al inconsciente es fruto de la pasión de dominio del educador y condena al sujeto a lo peor, ya que genera con demasiada frecuencia transferencia negativa, rechazo.



Sexualidad y diferencia de género. Por Miquel Bassols

  “Sexualidad y diferencia de género”. Miquel Bassols en ELP TV  https://www.youtube.com/watch?v=Q2Y3h8_pckM - 26 may 2022- No hay duda de ...